¿Qué hay detrás del conflicto entre el estado y la amazonía? *

27/06/2009

Primera parte
Antonio Velásquez

En este primer artículo abordaré la visión que tienen las comunidades nativas amazónicas con respecto a las industrias extractivas. La formación de esta visión se basa en la relación histórica entre estos dos grandes sectores. No es la intención de este artículo mostrar la heterogeneidad que existe entre las diversas comunidades nativas, sino las prácticas de las industrias extractivas relacionadas con los nativos en la amazonía. También es importante -y es con lo que iniciaré este artículo- entender como se ven así mismos los amazónicos cuando entablan relaciones conflictivas (uso y control de recursos) con el “foráneo”. 

 

¿Cómo se ven y qué recuerdos quedan?

Para entender la visión que tienen las comunidades nativas de las industrias extractivas debemos entender su historia. No se va a lograr entender la historia de la amazonía  si uno la mira desde la perspectiva de la conquista española y sus consecuencias. Esto se debe a que en los periodos de la historia oficial (preincaico, incaico, conquista, virreinato y republicano) no aparece la amazonía, ni como dominante ni como dominado; sino como territorio de expediciones por parte de los españoles que, dicho sea de paso, terminaron en fracasos. En estas etapas de la llamada historia oficial tenemos como actores principales a andinos y europeos. La amazonía pareciera no intervenir en esta historia y cuando interviene lo hace para liberarse de pretensiones de conquista de territorio. 

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Hay una diferencia crucial entre andinos y amazónicos que, a mi entender, debió ser tomada en cuenta en el debate de los últimos meses sobre la relación entre el gobierno y la amazonía: los españoles conquistaron a los andinos, pero no pudieron conquistar la amazonía. Mientras Tupac Amaru y otros personajes asociados al mundo andino perdieron la batalla por la libertad de los pueblos que defendían; Juan Santos Atahualpa, líder amazónico, expulsó a los españoles que se estaban estableciendo en su territorio. A diferencia de los héroes cercanos al mundo andino, Juan Santos siguió con vida hasta que, como narran los amazónicos, “se esfumó entre la selva”.

En el periodo republicano la amazonía aparece en dos momentos: el del caucho y el del petróleo. Lo resaltante es que dichas industrias extractivas logran dominar a miles de personas pero no el territorio amazónico como tal (en un siguiente artículo hablaré sobre diferencias entre tierra y territorio en la amazonía). Esto se debe a que las empresas que llevaban a cabo este proceso, no buscaban conquistar la tierra, sino tener el control y uso de los recursos en lugares específicos. Podríamos decir que no involucraba a la amazonía en su conjunto. 

Por lo expuesto líneas atrás, entenderemos que los amazónicos no cargan con la imagen  de haber sido derrotados por el poder español (símbolo de lo foráneo y occidental entre ellos). En consecuencia se ven así mismos como grupos no conquistados, capaces de haber expulsado a quienes conquistaron los andes. Los amazónicos no han ganado una sino varias batallas. Si en algún momento perdieron alguna, tiempo después recuperaron el control de su territorio. 

Hay que diferenciar entre conquista e intervención en la amazonía. Como dijimos, nadie logró conquistar territorios amazónicos, pero en cuanto a la intervención del espacio, la historia es distinta. Desde el periodo de la colonia los franciscanos y jesuitas introdujeron la religión católica con bastante esfuerzo debido a la resistencia. En esta ocasión lo que se estuvo disputando fue el reino simbólico-religioso. Después de luchas y resistencias, los amazónicos incluyeron en su altar de dioses al dios católico. La diferencia con una conquista de territorio hubiese sido que el control y uso de recursos se hubiese modificado a favor del invasor. En este caso, no se alteró el ecosistema ni la cultura nativa, muy al contrario, en gran parte los misioneros terminaron aceptándolos. Los misioneros redujeron a los amazónicos a espacios fijos; sin embargo, el territorio no se veía alterado y seguía perteneciéndoles a estos últimos. Los misioneros trajeron la agricultura, pero esta siempre fue empleada como una pequeña actividad más; sus otras actividades económicas como pesca, caza y recolección se seguían manteniendo como las principales.  

En la etapa de la república, el caso es distinto pues lo que se disputa no es el universo simbólico-religioso, sino el uso y control del territorio amazónico. Dentro de este periodo podemos situar dos acontecimientos claves que a nuestro entender, nos permitirían comprender por qué se encuentra cierta renuencia por parte de los amazónicos en aceptar actividades extractivas en su territorio. ¿Qué recuerdos ha dejado en los amazónicos la extracción de materias primas? A continuación expondré dos etapas: el periodo del caucho y el de la explotación petrolera. 

El periodo del caucho 

A principios del siglo XIX e inicios del XX se da la explotación del caucho y el jebe. El gran capital penetra la amazonía extrayendo el caucho y trayendo como consecuencia el sometimiento de la población como mano de obra. Aquellos que resistían eran eliminados físicamente. 

Para explotar la mano de obra se emplearon mecanismos como la “correría” y el “endeudamiento permanente” (1). Las correrías consistían en que “los patronos caucheros asaltaban las aldeas, robaban y sometían a adultos, jóvenes, mujeres y niños; si oponían resistencia, estos eran simplemente asesinados; de lo contrario, eran trasladados a los fundos caucheros en calidad de peones bajo condiciones infrahumanas de trabajo, signados por la crueldad” (2). Con estas practicas y con el maltrato en los centros de trabajo; se calcula que en los primeros 10 años de explotación murió cerca de la mitad de la población nativa (3). 

El “endeudamiento permanente”, por su parte, no era sangriento, pero sí acometía un alto grado de sometimiento. Esta práctica consistía en entregar víveres y alimentos a los nativos a cambio de la entrega de caucho; el truco estaba en darle un menor valor al caucho y darle un mayor valor a los víveres y alimentos que se entregaban; esta deuda se acrecentaba al cobrarles por las herramientas utilizadas para extraer el caucho. De esta manera, la deuda se prolongaba, terminando con el sometiendo del amazónico a dicha actividad “hasta que pagara la deuda”. Hay que resaltar que la posibilidad de escapar era nula pues se encontraban lo suficientemente alejados de sus aldeas como para intentar retornar a ellas.  

La violencia ejercida sobre la amazonía no estuvo exenta de insurrecciones. En 1903 y 1909 se rebelaron contra caucheros y atacaron centros comerciales. En esta ocasión los protagonistas fueron los Zarpas y los Aguarunas. Es probable que no se haya realizado una insurrección de toda la amazonía debido a la dispersión de las aldeas y su falta de comunicación.

El periodo del Petróleo 

En la década de 1970 se dan las primeras explotaciones petroleras en la amazonía. Estas explotaciones implicaron la invasión de algunos territorios nativos y la proletarización de varios grupos de nativos-campesinos (4). Según Varese, los nativos son “…empujados a la cultura de la miseria y la privación. O sea, la cultura de la proletarización, de la marginación social, económica y política…” (Participación, p. 30. 1974). El problema de que el nativo-campesino (campesino ribereño en palabras de Martha Rodríguez) pase a vender su fuerza de trabajo a la petrolera es que termina estableciendo a su familia en la ciudad y cuando termina su contrato ya no cuenta con salario ni con tierras para cultivar o aldea para cazar. A esto habría que sumar los daños ecológicos provocados que van desde la contaminación sonora hasta la contaminación por el mismo petróleo (5). 

Por lo expuesto, el escenario no es favorable para el gran capital que busca extraer materias primas en la amazonía. Su conducta pasada no le favorece y su recuerdo es por obvios motivos negativo. En los periodos mencionados, el respeto mínimo de la vida de los amazónicos fue inexistente (6) y no solamente en Perú, sino también en latinoamericana. Estas frecuentes violaciones a sus derechos no sólo se debía a la mentalidad dominante de la época (que después de los sucesos de Bagua vemos que perdura hasta hoy), sino también hay que añadir que la falta de organización y de comunicación entre los diversos grupos de nativos y la carencia de un marco legal que los defendiera, terminaba permitiendo la materialización de la imagen que presenta al nativo como un estorbo para el desarrollo del capital y, en consecuencia, de la modernización del país (7).

En un siguiente artículo, veremos que esta situación ha sido poco a poco frenada, aunque aún hoy hay gobiernos que desconocen su territorio y por ende a sus integrantes; lo mismo es con las transnacionales que desconocen los impactos de los lugares donde explotan. La conducta mercantilista mostrada por el gobierno y las transnacionales se ha ido moderando, la resistencia ha crecido y está actuando con una mayor organización, ahora es respaldada por leyes internacionales e incluso nacionales, pero nos damos cuenta de antemano que no son suficientes para defender la vida. Por el momento, el bloqueo de carreteras y otras medidas de protesta se muestran como necesarias para llamar la atención al gobierno, la transnacional, y la sociedad en general.

 

———

(1) La definición de endeudamiento permanente es propia pues no encontré otra que haga referencia a ese mecanismo de explotación en la amazonía.

(2) Martha Rodríguez, Amazonía: indígenas, campesinos y proletarios, p.130.

(3) En Putumayo se calcula que entre 1900 y 1910 murieron 30 mil indígenas.

(4) Los nativos campesinos vendrían a ser los que se establecen en las riberas de los ríos. Se establecen en las riberas de los ríos en el periodo del caucho.

(5) Las maquinarias pesadas provocan ruido que ahuyentan a los animales y dificulta la pesca. Las comunidades nativas se definen como cazadoras y recolectoras.

(6) Encontramos casos como el que cuenta Varese en el que el alcalde de Requena en el Ucayali para abrir una ruta de penetración para extraer madera instigó con apoyo del gobierno bombardeando asentamientos matsés.

(7) Lo más curioso de este pensar es que los capitales son extranjeros y que históricamente cuando el capital se ha desarrollado en algunas partes ha traído desarrollo y en otras pobreza e incluso muertes.

12 Comments »

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  1. Por que el gobierno ha encargado una mission tan delicada al general Mugurusa? cuando todos saben en la policia que es un corrupto pagado de las transnacionale…porque no investigamos… quien es realmente este personaje?
    Miremos su foja de servicio.

    Comment by sergio6565 — 28/06/2009 @ 9:40 am

  2. Felicitaciones por el artículo. Me es bastante motivador ver que hay jóvenes que producen sus propios conocimientos. Espero con ansias el siguiente artículo.

    Marina

    Comment by El heraldo negro — 1/07/2009 @ 8:03 am

  3. excelente articulo, puntos que se obviaron en el conflicto centrándose unicamente en los decretos. Bien ahí Antonio

    Comment by Leopard — 1/07/2009 @ 11:37 am

  4. Hola, soy del diario el Pais y quisiera que me des permiso para publicar tu artículo en un especial que vamos a ahcer sobre conflictos en latinoamérica.

    Ah tu decíaaas….. jajajaja. Pero lo que señalas es perfecto para entender el conflicto.

    Comment by Gabriela — 1/07/2009 @ 3:59 pm

  5. Excelente artículo, fiera.
    Espero ansioso el próximo artículo.
    La visión histórica del conflicto es necesaria para poder entenderlo y, hasta ahora, poco esfuerzo se ha hecho en este tema.

    Comment by Alvaro — 1/07/2009 @ 8:14 pm

  6. Este análisis le hace juego al chavismo y al fascismo indígena al tratar de entender la amazoná. Lo unico que se logra sabiendo más de ellas es justificar su salvajismo

    Comment by Gustavo — 2/07/2009 @ 12:52 pm

  7. Carajo… qué humor tan fino el de Gustavo!

    Por otro lado, bien el aporte pero que no quede en primera parte solamente. Algunos de los que han viajado a la Selva deben tener datos para compartir, cosas sobre la relación entre las comunidades y la industria extractiva.

    Bueno eso.

    Comment by José Luis — 4/07/2009 @ 1:56 am

  8. Sí, justo yo tuve 2 experiencias bastante fuertes en Puerto Ocopa y Poyeni (experiencias claves par aenamorarme aún más de la amazonía). De hecho fueron tan espectaculares que solo se las creería si me las cuenta un amigo o amiga. El que las escuche lo primero que pedirá son “fuentes” o “pruebas”. (Es relacionado al trato de Repsol hacia las comunidades nativas).

    Comment by Antuán — 4/07/2009 @ 5:25 pm

  9. > Desde Bagua

    Para llegar a la comunidad aguaruna de Yamayaca, un poblado de 300 personas, hay que viajar tres horas en camioneta por una pista de tierra mal afirmada que parte de la ciudad de Bagua y se interna en la selva y luego cruzar el río Marañón, afluente del Amazonas, en una canoa o en un pequeño bote de madera, llamado “peque peque” por el ruido que hace su lento motor. Los aguarunas pertenecen a la familia étnica de los jíbaros. Su territorio tiene 22,700 kilómetros cuadrados y 60 mil pobladores. Las comunidades más alejadas están a cinco días de viaje desde Bagua, ciudad de 75 mil habitantes que está a mil kilómetros al noroeste de Lima. En la calle de tierra que cruza Yamayaca, donde dos niños juegan al fútbol pateando una lata, encontramos a Bacilio Dekentai. Nos dice que tiene 40 años y cuatro hijos y que vive de su chacra. Como en todas las comunidades aguarunas, lo que se siembra ahí es plátano y yuca, los dos alimentos básicos de la dieta de los nativos, y un poco de cacao y café. La lluvia ha convertido la calle en un lodazal. Los niños que jugaban han desaparecido.

    Después de muchas dudas, Bacilio accede a contarnos lo que vio durante el cruento operativo policial para desalojar a los indígenas que bloqueaban una carretera en las afueras de Bagua, en la zona llamada la Curva del Diablo, exigiendo se derogue una serie de leyes que facilitan el ingreso de las transnacionales a su territorio. “Nos atacaron como si estuviéramos en la guerra. El ataque comenzó antes de las seis de la mañana. Los primeros disparos vinieron de un cerro. Como mil subimos al cerro pidiendo que no disparen, pero no nos hicieron caso. Estábamos desarmados porque nuestro paro era pacífico. Disparaban a matar. Había muchos muertos. Yo vi cuando mataron a dos heridos que estaban en el suelo.” En medio de la balacera, Bacilio se escondió en la parte alta del cerro. Asegura que desde ahí vio a un helicóptero recogiendo cadáveres. “Vi dos viajes del helicóptero. En cada viaje recogió como treinta muertos. Nadie sabe dónde los han llevado. Con mis propios ojos lo he visto.” Las cifras oficiales registran diez civiles y veinticuatro policías muertos.

    A una hora de Yamayaca está la comunidad de Wawas. Mientras camina entre las pequeñas casas de caña, madera y techo de hojas de palmera en las que viven los 600 pobladores de Wawas, el apu (jefe) de la comunidad, Heriberto Tiwijan, nos relata su historia sobre lo ocurrido en la Curva del Diablo. “Yo estaba dirigiendo un grupo de 50 pobladores de mi comunidad. En total, éramos como tres mil. Nos atacaron por tierra y aire. Desde un helicóptero disparaban bombas lacrimógenas y balas. En la pista la policía avanzaba hacia nosotros disparando al cuerpo. También nos atacaban desde un cerro. Yo vi tres cuerpos quemados. Esos no están entre los diez cadáveres que hemos recuperado.”

    Tiwijan nos lleva hasta la casa de uno de los heridos. Grimaniel César, que tiene 26 años y un hijo, está echado sobre el piso de tierra de su casa. Recibió un balazo en la pierna y no se puede parar. Apenas puede hablar por el dolor. “La bala me cayó en la parte de arriba de la pierna. Me entró por delante y salió por atrás. El dolor es muy fuerte. Siento que me quema por dentro. No tengo ninguna medicina para tomar.” Grimaniel respira profundo, hace un esfuerzo para aguantar el dolor, que se refleja con intensidad en su rostro, y continúa: “Subí al cerro cuando nos comenzaron a disparar desde ahí para pedir que no disparen. Los policías disparaban al cuerpo, a matar. Nunca pensamos que eso podía pasar. Las balas volaban por todos lados. Vi a diez hermanos caer muertos ahí en el cerro (el gobierno asegura que en el cerro murieron tres nativos). Los heridos en el cerro eran tantos que no se podían contar. Todos corrían para salvar su vida. Me impactó una bala en la pierna y caí al suelo. Un amigo tuvo valor y me cargó hasta la pista, donde había una ambulancia. Si la policía me encontraba herido seguro me mataba”.

    Sekut Díaz, una mujer aguaruna de 36 años, también estuvo en la Curva del Diablo. Con el dolor marcado en el rostro y sacándose el temor de encima –“Tenemos mucho miedo de hablar y decir la verdad de lo que pasó porque después vienen las represalias, pero alguien debe hablar porque si nadie hace oír su voz nunca se sabrá la verdad”– denuncia que ella vio a la policía rematar a los heridos que habían quedado atrás porque nadie pudo ayudarlos a escapar. “Nos atacaron sin compasión, como si fuéramos el peor enemigo. Yo me escondí cerca de la pista y desde ahí he visto cómo la policía mataba a unos hermanos que estaban heridos; les dispararon cuando estaban en el piso. También vi cómo quemaron a otro hermano. Vi cómo ardía su cuerpo; movía los brazos y sus piernas.”

    Huyendo de la Curva del Diablo los nativos llegaron hasta Bagua. Ahí la población mestiza de la ciudad se había levantado al escuchar de la represión contra los indígenas y la policía los estaba reprimiendo. “En Bagua vi a una mujer y a una niña heridas de bala, no sé qué pasó después con ellas, y también vi dos muertos: un mestizo gordo que tenía un balazo en el pecho y un hermano awajún (aguaruna), Felipe Sabio, al que la policía le disparó desde un techo. El hermano cayó por un balazo en la pierna y cuando estaba en el suelo los francotiradores lo remataron”, revela Salomón Awananch, apu de la comunidad de Nazareth.

    En su casa de un ambiente en Wawas, la joven viuda de Felipe Sabio llora la muerte de su esposo con su pequeño hijo de pocos días de nacido en brazos. Es el cuarto de sus hijos y nació el 11 de junio, seis días después de que mataron a su padre. “Mis hijos se han quedado sin padre, sin nadie que vea por ellos. Dicen que las esposas y los hijos de los policías muertos están sufriendo y por eso el gobierno les va a dar una indemnización, pero a nosotros no nos reconocen nada. También exigimos una indemnización. .. ¿o acaso nosotros no estamos sufriendo, acaso mi esposo es un perro que ha muerto, acaso nosotros no somos también seres humanos?”, reclama, con la voz entrecortada y lágrimas de dolor, pero también de indignación y rabia por la manera como mataron a su esposo, y por la forma como el gobierno le hace sentir el olvido y marginación en que viven los pueblos indígenas.

    Maria Alicia
    educadora/antropolo ga

    Comment by Ricardo — 7/07/2009 @ 5:35 pm

  10. Buena Antonio. Es lógico, si la explotación de recursos por grandes empresas ha implicado maltrato y explotación en diferentes grados de sutileza, cómo querer recibir más de lo mismo.

    Y me parece interesante notar el permanente ninguneo de estas naciones por parte del estado criollo. Ni estando en el 2009 se pregunta a estos peruanos si desean que se vaya a explotar parte de su territorio. Apuesto que a Alan y compañía sabían qué había pasado antes, pero igual cobraron su clásica coima y aprobaron a la mala.

    Comment by Tomás — 7/07/2009 @ 5:58 pm

  11. Hola ANtonio,

    Gracias por el artículo.
    Por cuestiones laborales viajo mucho a la selva y he sido testigo de lo que está sucediendo allá, son pocos los que conocen la dimensión del problema en la amazonía, los amazónicos rurales viven en un círculo vicioso de pobreza y deterioro de sus ecosistemas.
    Lo que está sucediendo en nuestra amazonía es indignante, la OXY hace 35 años que inició el exterminio de la nación achuar, envenenando sus ríos, sus quebradas, sus bosques, llevando a los achuar a un viaje sin retorno, en base a una “modernización” forzada. Actualmente las aguas de sus ríos no son aptas para consumo humano, tampoco deberían usar estas aguas para bañarse, pero los niños lo hacen y luego se enronchan y les da enfermedades estomacales. Los peces de los ríos tienen sabor a petróleo.
    Las naciones amazónicas son víctimas permanentes del saqueo y el etnocidio, antes fue la iglesia protestante y católica, luego los ambiciosos caucheros, los madereros legales e ilegales, los petroleros, los mineros informales, los narcotraficantes, los traficantes de animales y pieles, etc.etc.

    Debemos pedir perdón a todas las naciones amazónicas por el horror y el exterminio cometido durante siglos en nombre de la modernización.

    Comment by Neka — 15/07/2009 @ 1:04 pm

  12. Pajita tu artículo

    Comment by juan lan — 31/10/2009 @ 8:22 am

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