La izquierda autónoma y las lecciones del 11 de setiembre de 1973

11/09/2008

Por Salvador Oré

Se ha lanzado la propuesta de criterios para la unidad de la izquierda autónoma que han publicaron los compañeros del colectivo SUR de Arequipa. Ya se han dado algunas respuestas al contenido del documento. Entre estas Alvaro Campaña resumen los principales puntos del documento de SUR:

Los compañeros de SUR proponen las siguientes características para definir a la izquierda autónoma:

  1. No partidarizados.
  2. Acción política más allá del espectro político planteado por el liberalismo.
  3. Renovación de los discursos y prácticas emancipatorias que desde las bases no reproduzcan y combatan en su seno y en la sociedad las relaciones de dominación.
  4. Cuestionamiento a las formas de organización jerarquizadas, vanguardistas y burocratizadas proponiendo la horizontalidad como herramienta, así la autonomía se define fundamentalmente en la situación de la autonomía de las organizaciones, con diversos y creativos estilos.
  5. No se moviliza bajo doctrinas rígidas y estáticas sino que actúa en función de principios y valores claros, además de afirmarse en la diversidad.

Ahora planteo examinar temas históricos porque creo que examinando los casos de intentos de transformación en América Latina nos pueden dar herramientas que manejemos colectivamente, para aterrizar los debates dentro de la Izquierda Autónoma y así acercanos mejor al complejo caso de nuestra sociedad peruana. Solo para mencionar algunos casos, podríamos centrarnos en la Revolución Cubana, La Nicaragua Sandinista, y ver los casos más contemporáneos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Empiezo ahora planteando el caso chileno porque además termino de escribir este texto hoy 11 de setiembre, día en que se dio el criminal golpe de estado contra el gobierno de la UNIDAD POUPULAR en Chile.


Si bien se recuerda este día resaltando la figura de Salvador Allende, es necesario dejar la mera exaltación de figuras históricas y tratar de analizar el proceso: En Chile desde la década de 1920 (así como cuando en Perú surgía el socialismo) se empezaron a realizar trabajos intensos de organización de los trabajadores inspirados en el comunismo y en el anarco-sindicalismo. En Chile a diferencia del resto de países latinoamericanos se dieron condiciones para que la democracia liberal (con todas sus limitaciones) se desarrollara durante todo la primera mitad siglo XX; así, en ese contexto, los sindicatos se organizaron. Hubo muchas tensiones durante este periodo, incluso en 1933 se dio un golpe de estado en medio de una grave crisis económica, promovido por soldados y aviadores que dio inicio a 12 días de una breve República Socialista. Pero luego de eso se sucedieron gobiernos donde la presidencia rotaba y se creía que Chile desarrollaba su propia institucionalidad. A la par, cada vez más trabajadores tenían capacidad de presión frente a los gobiernos.

Por otro lado, durante la década de 1960, en Chile se dio lo que muchos llamaban el “renacimiento chileno”, una explosión cultural, que revaloraba la cultura popular y se buscaba un arte más chileno, pero también un arte más sensible hacia la injusticia, un arte que estimulaba el cambio social. Así la figura de Pablo Neruda en la poesía, Violeta Parra (que viajaba por chile recopilando canciones campesinas) que luego estimularía a Víctor Jara a cantar, sacándolo de los teatros, donde era un gran director, en medio también de un florecimiento del teatro chileno.

Conectando con el debate de la izquierda autónoma… estamos planteándonos que la política es un ejercicio que se realiza más allá de los límites que nos impone la democracia liberal, más allá del Estado. La experiencia chilena implicó un trabajo de décadas dentro de los espacios populares, que estimularon y apoyaron el gobierno de Allende cuando llegó su tiempo (esto no elimina los problemas y tensiones entre el frente electoral, los movimientos, la presidencia y el gobierno). Por otro lado, el florecimiento del arte en chile nos muestra que todo el cambio de mentalidades, el sentirse parte “de algo más grande”, no hubiese sido posible sin ese valioso estímulo cultural (aquí nuevamente sin negar los problemas que surgieron una vez que el gobierno de la Unidad Popular tratara de estimular el arte nacional, que por un lado generó un estímulo aun mayor; pero, por otro, las respectivas tensiones entre artistas y políticos).

Entonces en Chile hubo un gobierno que no solo tuvo el respaldo popular, sino que respondía a las demandas de un pueblo organizado, y luego necesitó de ese respaldo para hacer frente a las presiones de la derecha y del imperialismo norteamericano manifestadas a través de maniobras económicas y de la intervención directa en la política chilena. Este documento solo abre el debate. Tratando de plantear las diversas tensiones que dieron forma y quebraron el gobierno socialista de Salvador Allende y la democracia chilena, abriendo una etapa oscura en la historia latinoamericana: La dictadura de Augusto Pinochet, que hizo de Chile un laboratorio de experimento del neoliberalismo y que dejó a los chilenos amarrados a una constitución que aún no logran cambiar.


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  1. Coincido plenamente con tu planteamiento sobre el Chile de los 60s. Sin embargo, me parece que un movimiento que en distintas ocasiones ha participado en manifestaciones por los derechos humanos no puede considerar como regímenes revolucionarios a gobiernos autoritarios como los de Venezuela y Cuba. Incluso, dudaría mucho de llamar a la Venezuela actual pues antes de poner los medios de producción en manos del Estado las ha puesto en manos de un dictador sin ataduras a sus locuras.

    Comment by Renato Constantino — 11/09/2008 @ 10:08 pm

  2. No trataba de plantear que los países que mencionaba fuesen ejemplos a seguir, ni menos muestras de lo que una revolución debería ser. Es la creencia de que explorando esos procesos podemos encontrar pistas de como organizarnos, de que errores evitar. Sería muy importante por ejemplo preguntarnos como llegó Venezuela a concentrar tanto poder en las manos de Chavez. Puedo ir planteando que tras ver el proceso chileno, donde partidos consolidados durante décadas formaron un frente relativamente organizado lograban crear un plan de gobierno consensuado con mucho control sobre la figura de Allende (aunque es necesario recordar que muchos de los partidos, incluido el propio: el socialista, dejaran solo a Allende), en cambio en Venezuela se dieron condiciones para que Chavez ganase las elecciones sin necesitar un partido solido, lo que permitió que concentrara progresivamente el poder. Cosa que se hizo más intensa luego del golpe de estado del 2002.

    Comment by Salvador Oré — 12/09/2008 @ 10:53 am

  3. Me voy a permitir algunos comentarios aquí, sobre todo a lo referente a la organización popular en Chile, no tanto como miembro de la izquierda peruana sino como militante internacionalista desde hace ya 10 meses del Partido Izquierda Cristiana de Chile, a la que llegué luego de algunos meses en una premilitancia de izquierda extrapartidaria y tras conocer relativamente de cerca al PS, PCCH, PPD, IC y PH (partidos estos miembros de la concertación y del juntos podemos y q cuentan entre sus militantes a algunos de los que trabajaron con la Unidad Popular)

    Comparto la necesidad de la contrucción de un trabajo y organización democrática más allá de “los límites que impone la democracia liberal, más allá del Estado”; sin embargo, el desarrollo chileno de la organización popular, las décadas de trabajo popular en las poblaciones, las comunas, los sindicatos, etc. fueron producto de un trabajo de bases partidarias, de “comunales” constituidas en las distintas regiones y espacios de la larga y angosta franja de tierra. Las poblaciones más movilizadas y organizadas en Santiago antes del golpe (que también lo fueron luego del golpe en la resistencia contra la dictadura) fueron La Pincoya y la Pablo Neruda, ambas con dirigentes comunales militantes del PCCH y PS.
    El trabajo comenzó en los 60’s tamben porque es desde esos años que las candidaturas presidenciales de Salvador Allende se inician.

    En cuanto a la movida cultural, no olvidemos quePablo Neruda y Victor Jara tenían una militancia comunista, que las brigadas muralistas pertenecían tanto al PC como a la IC, y que tanto quilapayún, como Inti Illimani, como Patricio Manns (que años despues le escribiría el himno al FPMR) y tantos más, estuvieron con la Unidad Popular como apuesta de construcción desde esa “vía chilena al socialismo” que comenzaba en la democracia “liberal” electoral, esa que el compañero Chicho murió defendiendo.

    Creo que si hemos de mirar el ejemplo chileno hemos de entender que esa organización popular que fue esencial para los logros que tuvo la Unidad Popular después, se gestó de la mano con la construcción de alternativas electorales y partidarias. Si el gobierno respondió a las demandas del pueblo organizado fue porque había sido parte a través de sus partidos de la construcción de la organización de ese pueblo…

    Comment by Paula — 18/09/2008 @ 12:09 am

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